En el siglo XVII, un decreto de la provincia exigía que no se enviara como procurador en las Juntas Generales a nadie “que no supiera leer y escribir y la lengua castellana”.
El catecismo vasco más antiguo que se conserva es el del alavés Juan Pérez de Betolaza (1596).
En 1841, Salvatierra tenía entre sus cargos municipales el de intérprete, para resolver los problemas de quienes no conocían el castellano.
En Llodio, Urrunaga y otros pueblos hay protestas por la entrada de curas desconocedores de la lengua vasca.
Abdón González de alaiza, natural de Musitu y muerto allí en 1926, fue el autor del primer cómic en euskara.
Artículos y poemas en euskera son frecuentes en publicaciones periódicas de Vitoria, tales como la Revista bibliográfica (1867-1869) y la Revista de las Provincias Euskaras (1878-1889), ambas editadas por Fermín Herrán, natural de Salinas de Añana. Éste escribía en 1879 sobre la necesidad de que el euskera “pueda transmitirse entero e incorruptible a las futuras generaciones”.
El sacerdote de Legutiano Serafín Ascasubi (1864-1940) tradujo un capítulo del Quijote de Cervantes. Otro escritor del mismo pueblo, José Palacio Sáenz de Viteri, tradujo años más tarde el mismo libro a la lengua vasca.
El anillo escolar pasaba de mano en mano (o de dedo en dedo) entre los niños que hablaban euskera en clase. Al poseedor del anillo el último día de la semana le esperaba un castigo. Pablo de Mendibil (1788-1832), escritor natural de Alegría-Dulantzi nos ha dejado testimonio de esta bárbara costumbre.
Fuente: Henrike Knörr