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“Es muy feo eso de transmitir nuestros traumas a los jóvenes”

Entrevista con Bernardo Atxaga

25-11-2009

Entrevista con Bernardo Atxaga

En una expléndida tarde de primavera de 2009 tuvimos una interesante conversación con Bernardo Atxaga.

Naciste en Asteasu, pero llevas ya muchos años en Álava...

En ese sentido, soy muy vasco. Nací en Guipúzcoa, después viví en Bilbao y ahora en Álava. También viví un tiempo en Navarra, así que yo diría que he andado de un lado a otro de Euskal Herria. Pero ahora estoy en Álava, sí, muy bien.
Cuando viniste tendrías unas expectativas determinadas, ¿han cambiado en algo?
No, no creas. Mi postura en los lugares nuevos siempre es la de esperar, quedarme a la espera. Al principio parece que el nuevo lugar está contra uno pero yo siempre espero, sin más. Por ejemplo, ahora aún no amo Vitoria tanto como Bilbao, pero seguro que llegará el día en que lo haga.
Un lugar que me ha gustado siempre especialmente es la carretera de Barrundia. Me encanta moverme por la zona de Araia, luego Zalduendo, Larrea...t odo aquello. Incluso mucho antes de vivir aquí en Zalduendo, nada más venir a Vitoria me tomaba mi media hora para hacer ese camino, para sumergirme en Araia poco a poco...es un lugar precioso.
Luego salió lo de Lazarraga, una mera casualidad...
Bueno, para mí esas sorpresas...como yo a veces creo en fuerzas secretas y cosas así (siempre no, pero en ocasiones tengo tendencia a la superstición), yo aquello lo tomé como un buen augurio en mi vida, tal y como suelen decir los italianos. Y resulta que ahora veo el palacio de  Lazarraga a menos de cien pasos de casa, eso crea como una conexión en mi mente, y yo necesito ese tipo de conexiones. Si tienes una conexión con Lazarraga también la tienes con un lugar determinado, con un idioma...fue realmente una noticia extraordinaria para mí. En cualquier caso, la que iba a ser la tercera noticia extraordinaria no llegó a culminarse (Iruña-Veleia). Pero bueno, al menos lo de Lazarraga sí.
 Da la impresión de que la cadena no se ha roto.
Así es, esa continuación, esa especie de cadena es necesaria, muy necesaria para todo. Mirar atrás y ver que allá hay un rastro, unas huellas. Yo escribí para Mikel Laboa un poema sobre esto, titulado gure hitzak, nuestras palabras, “que no se pierdan nunca, como los rastros de los pájaros sobre la nieve”. Allí en el otro extremo están ellas, dejando siempre su rastro.
Algunos escritores tienen tendencia, quizá debido a su ideología, a verse a sí mismos como si emergieran y hubieran sido creados espontáneamente desde su propia soledad. En mi caso siempre me he visto como la continuación de Gabriel Aresti. Yo vine de la mano de Aresti, y luego vendrán otros, y más tarde otros.
 Haciendo otra comparación, tomemos a Zalduendo y Obaba, dos pueblos pequeños...
Son casos muy diferentes. Obaba no podemos situarlo aquí de ninguna manera; las “munas”, sus rincones, arroyos y bosques conforman el paisaje donde nacen las brujas. Zalduendo es diferente, y seguramente si en su momento me hubiera referido a este lugar me habrían surgido otras reflexiones, otras percepciones. Mira lo que me ha ocurrido hace una semana: en Estados Unidos van a publicar de nuevo (ya lo hicieron antes) Obabakoak, en esta ocasión con pastas duras. Me enviaron la portada de un pueblo de Navarra, Pueyo concretamente, aunque yo les había enviado fotos de Régil y de algún otro lugar, señalándoles las distintas posibilidades. Pero creo que ellos ya lo tenían decidido de antemano, publicar un Pueyo un poco pintado. Pero no me sentí cómodo con el cambio. Se trata de pueblos pequeños y quizá no debería tener tanta importancia, pero para escritores como yo el paisaje es circular y deja rastro.   .
Sois  cuatro en casa...¿habláis en euskera?
Sí. Por supuesto.
En euskera de Guipúzcoa o en batua?
Yo creo que en batua, haber aprendido batua siempre deja su impronta, pero creo que si nos grabasen se podría comprobar que usamos mucho det en lugar de dut. Hablamos euskera, en cualquier caso. Euskera con un toque guipuzcoano, sin duda, pero es que ahora los guipuzcoanos tiran mucho hacia el batua.
¿Y tus hijas también hablan euskera entre ellas?
Sí, sí. Pero debo decir que a veces, cuando jugamos, hablamos en inglés. ¿Por que? Pues porque pasamos un año en Estados Unidos y allí aprendieron muchos juegos en inglés, por eso a veces me hablan inglés.
¿Que edad tienen?
8 y 12 años. Su primera lengua es el euskera, la segunda el inglés y la tercera el castellano. Yo diría que la pequeña todavía está un poco verde en castellano. Va a ser algo curioso para ella.
Cuando salís en cuadrilla por Zalduendo  o por Vitoria, ¿cual es el  idioma principal?
Hoy en día en Zalduendo hablamos mucho euskera. No sé qué ha ocurrido allí, pero yo diría que en Zalduendo hablamos en los dos idiomas.
Se ha extendido la opinión de que en Álava se escucha poco euskera, no se si ves posible vivir aquí en euskera.
Es más difícil, es indudable. Pero en los últimos diez años la situación  ha cambiado bastante. Ayer mismo fui a la librería y el vendedor me dijo que en castellano se había vendido bien el libro, pero que era asombroso lo bien que se había vendido en euskera. El que me lo dijo no es euskaldun. ¡Quien nos iba a decir hace 20 años que íbamos a vender unos 500 libros en Vitoria!
En las conferencias, por ejemplo en Bilbao, vas a dar una charla y te asombras de la cantidad de gente que puede mover el euskera. Pese a ser una minoría, si se trata de una minoría dinámica, el euskera seguirá hacia adelante, ese dinamismo es fundamental.
Unido a todo eso, seguramente se tratará de un tópico, pero muchas veces escuchamos que en Álava nunca ha existido el euskera.
Bueno, eso da lo mismo. A fin de cuentas cuando se trata de idiomas la voluntad de la gente es el factor con mayor legitimidad. Si la gente tiene voluntad de aprender, aprenderá. El tópico del  pasado no es cierto, por supuesto. No sé hace cuantos años, pero es indudable que en Álava también se habló el euskera, eso es seguro. También es indudable que el factor principal es la voluntad de la gente. Porque si queremos dar la legitimidad a los hechos del pasado, lo cierto que aquí se ha hablado castellano, pero nunca tanto como ahora. ¿Cuantos miles vivían antaño en Álava? Muy pocos. Mi tendencia siempre ha sido la de “no des explicaciones cuando no son necesarias”, “métete en tus asuntos”, “déjame en paz” y “ ¿A tí que te importa?”. Esa es mi manera de funcionar. Y la voluntad tiene mucha importancia, llevamos la vida que podemos llevar; mientras sigamos con ánimo y ganas siempre nos quedaremos satisfechos...
¿Que es lo que no hay que hacer a favor del euskera? ¿Y en nombre del euskera?
Hace mucho que está escrito que atraes mejor a la gente por el camino suave que por el áspero. Los griegos denominaban a eso “simpatía”, sentir con el otro. Por ejemplo, si en una clase el profesor de euskera es como un profesor de euskera del topicazo de antaño, siempre de malas pulgas, eso no favorece nada al idioma. Si el chaval de Asteasu piensa que el profesor de Tolosa era muy duro, por ahí mal vamos. Por eso debemos atraer a la gente con dulzura.
Por tanto, para ti lo más importante es la suavidad, el tacto, la atracción.
Eso es. Cuanto más agradable, interesante y vivo le resulte a la gente, a la minoría que habla euskera, mejor.  En nuestra época, en Bilbao por ejemplo, cuando empezamos a escribir en euskera el ambiente euskaldun y euskaltzale de Bilbao nos parecía impresionante, el ambiente más atractivo de la ciudad era indudablemente el euskaldun. Allí estaba Gabriel Aresti, allí estaba lo más interesante para los alumnos. Cuando llegamos a Bilbao aquello tenía un glamour especial, era una novedad. Si no surge algo parecido en otros sitios, si seguimos con aquel profesor agrio, engreído y malo, no hacemos nada. No puedes ganarte a la gente pisándola.
Vamos a pedirte un consejo, aún a sabiendas de que los que no saben euskera no harán quizá demasiado caso.
Pues mira, voy a contarte algo que me ocurrió a mí, reflejándolo en una imagen. Existen muchos lugares con puertas, por ejemplo los bajos de los edificios, los sótanos. Esas puertas siempre se abren en una dirección, y se cierran en la otra, para impedir que la gente quede encerrada. Para mí cualquier idioma nos introduce en un laberinto parecido, en un corredor, se abren las puertas y puedes ver el interior, lo que antes no veías. Percibes otra forma de vida, otras responsabilidades y tareas. Eso ocurre con todas las lenguas, y en Euskal Herria sucede también con el euskera.
Estando yo en Berlín me invitaron a ver una película de Aizpea Goenaga. Salí cinco minutos antes para ir al lavabo y de repente...¿dónde estoy? No tenía ni idea, era como un corredor y la puerta no se abría. Ninguna de las aproximadamente 30 puertas se abría. De repente ví algo como una luz, parecía el camino al exterior, a la calle, y así era, pude ver que allí estaba la calle. Pregunté en un bar por la Filmoteca, fui por la parte de afuera y el film ya estaba a punto de finalizar. Eso mismo ocurre con las opiniones contrarias, las posturas encontradas, se trata de un camino repleto de puertas cerradas. Es mucho mejor el modelo abierto, la apertura.
¿Algún otro consejo para los medios de comunicación?
Son los políticos los que deben sacudir a los medios de comunicación, es ahí donde se les necesita.
¿Demasiadas direcciones a seguir, quizá?
A mí me da la impresión de que los medios de comunicación de aquí, incluyo los de euskera, podrían trabajar mucho mejor, con más seriedad. Hace 20 años entrabas en Euskadi Irratia y todos los miembros de la redacción estaban hojeando el Diario Vasco. ¿Tan mediocres somos? Seguro que ahora no es igual.
Estando en EEUU escribiste un libro sobre el Congo, ¿cómo es posible? ¿se Trata de una novela basada en una fotografía que sacaste con una máquina Kodak o algo así?
Ya que has mencionado América, debo decir que he publicado nuestras historias de Nevada en mi blog. Allí comencé a escribir sobre los quehaceres diarios de Nevada y de todo ello también nacerá un libro. Esa obra sí que va a tener un nexo de unión muy firme con aquel lugar, y con ella mostraré a los vascos de Nevada que conocí allí.
Pero el último libro que he escrito es muy distinto. El otro día leí un comentario sobre la obra y venía a decir que no se trata de un documento, sino de una fábula, de la imaginación, de una geografía que no existe. Bueno, al fin y al cabo se trata de un paisaje surgido en mi mente. Además, ¿quién es el protagonista, el paisaje? En este caso concreto son las posturas de los militares las que crean el paisaje.
¿Te ha preocupado todo eso al escribir?
Muchas veces digo que conozco muy bien a los militares, estuve 15 meses en sus manos, viviendo con ellos (además a mí no se me olvida nada, lo recuerdo todo). He seguido con detenimiento a los militares, su comportamiento, sus libros...Por tanto el tema radica más bien en el espíritu militar que impera en nuestra sociedad.
En la medida en que las novelas son gajos de la vida misma, puesto que no son ni mera teoría ni memoria, la gente cuando lea la novela debe pensar que el villano que aparece reflejado en ella estuvo viviendo allí en realidad.
Podía situar la novela en Auschwitz exactamente igual que en el Congo, pero en cierto modo aquella maldad atroz de Auschwitz ya está juzgada, ya ha habido condena. No ocurre lo mismo con lo sucedido en el Congo. El rey Leopoldo fue tan salvaje como Hitler, pero tiene avenidas y monumentos en su honor.
No sé quien dijo que “cuando Leopoldo vaya al infierno –espero que sea pronto– los que ya están allí se asombrarán al verle”.
Siendo esta realidad tan asombrosa y repugnante, ciertamente no creo que se pueda escribir un libro “serio” a modo de protesta o denuncia sobre el hecho, porque nos sobrepasa, nos engulle, así que es mejor reflejarlo en una especie de broma medio negra.
El libro tiene ciertos episodios de  crudeza...
Es cierto, es el tratamiento meteorológico que le ha dado el mundo a esa crudeza. Ignoro si he acertado con ese efecto. Al fin y al cabo se trata de lo que ha venido haciendo el mundo, y de lo que seguimos haciendo, sin darnos cuenta incluso. Cuánta gente te comenta que ha estado en la India, y en Calcuta, etc etc. Hombre, en Calcuta la gente se muere de hambre y tú vas a tu hotel, te das una duchita...Se trata de sacar a relucir el lado triste de esa indiferencia.
Recordemos ahora un viejo poema, Hautsi da anphora. ¿Crees de verdad que las anphoras se están rompiendo?
No lo sé. Cuando escribí el poema la anphora simbolizaba la memoria de los que nos precedieron. La anphora de la vida que ha acontecido en cada hogar, donde, por costumbre, se guardan hasta las cenizas. Aquí algo se ha roto, un modo de vida. Tenemos la necesidad de vivir pero con la anphora rota, se trata de un mundo que se ha resquebrajado. Así ha surgido luego todo lo demás.
En Euskal Herria llevamos demasiado tiempo en un impasse. Por ejemplo, este año en nuestra casa salió a colación un tema, en Navidades, que solía salir hace ya 30 años. Eso es un impasse y suele ser muy peligroso. Existen algunos temas con los que parece que la gente se emborracha, se embriaga, y no quiere hablar de otra cosa, siempre quiere hablar del mismo tema. Yo no quisiera transmitir el tema de Navidad a las generaciones venideras. Ya lo escribí en otro poema, “encadenar las generaciones con flores negras”, eso sería prueba de un impasse.  En la política ocurre lo mismo, es una política  con las características de siempre. Yo creo que ese factor tiene prioridad a la hora de cambiar Euskadi. Me parece bien no jurar en el nombre de Dios, pero hace falta otro cambio además de eso.
Oinbéa
Oinbéa ha surgido en el curso de ese impasse ya mencionado. La gente está empezando a cansarse, o está cansada, me refiero a los militantes de una época. Y las nuevas generaciones no tienen necesidad de eso. Puede que el cambio venga de la mano de las nuevas generaciones, porque tiene que aparecer gente nueva, la gente nueva debe apartar a los de antes. ¿Ése es nuestro lugar, no? Pero no vuelvas a sacar de nuevo el tema.
Los jóvenes
Es muy feo eso de encadenar flores negras, transmitirles nuestros traumas a ellos. “Toma, éste es el regalo que tenemos que darte”. Eso es feísimo. El periódico de aquí, por ejemplo, ya lleva 30 años dando las mismas explicaciones. Es una locura. Historias muy duras, pero todavía estamos hipnotizados con aquellos hechos.
8 de mayo de 2009
Casa de Cultura de Vitoria-Gasteiz
Servicio Foral de Euskera (traducida del original en euskera).

 

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