LAS LENGUAS DE MIKEL LABOA
Reseña de la entrevista con Marisol Bastida
07-04-2010

Acabamos de descubrir que la revista Erlea no es una mera revista literaria. Curiosamente, aun así, el pequeño literato que vive en nosotros, no ha demostrado ningun enfado especial. Es más, se ha alegrado al ver que el campo de la literatura es fértil para criar otras aportaciones.
Las entrevistas escogidas tanto en el primer numero como en el segundo son del estilo. En el primer número la charla discurre con Marisol Bastida la esposa del difunto Mikel Laboa; en el segundo, en cambio, es el gran Marino Lejarreta protagonista de la entrevista.
A continuación hemos reseñado parte de la entrevista con Marisol Bastida, donde nos muestra por medio de una excelente anécdota cómo entendía Mikel Laboa las diferentes lenguas.
(...)Mikel ha tenido un interés especial por la música de las lenguas. A veces decía en broma. “Siempre he sido tan pésimo para aprender idiomas, que, quizá por eso mismo me quedaba con sus músicas.” También es verdad que ha llegado a cantar en serio tanto en italiano, portugués o catalán. De hecho, en 1966 compuso una bella canción en catalán, o ha hecho algún flirteo con el alemán... En muchos idiomas. En los últimos discos creo que en ucraniano.
Te voy a contar otra anécdota. Nos sucedió en Londres, julio de 1962. Él vino a visitarme a Londres, a pasar diez o quince días. Yo tenía muy poca idea de ingles, pero él menos que yo. Ibamos a visitar diferentes lugares. Por ejemplo, a ver la Torre de Londres. Él me decía: dile al guía que te explique con todos los detalles posible, que te cuente toda la historia; pídeselo, por favor. Yo le reprochaba, que para qué necesitaba tanta explicación si no entendíamos nada. Pero así lo hacíamos. Él escuchaba con mucha atención, los gestos... Siempre decía que cada lengua, incluso cada dialecto dentro de su lengua, tiene su propia música, y por lo tanto también los gestos son diferentes. Mikel adoraba todo ese mundo. En aquel entonces estaba convencida de que estaba loco. Pensaba: ¡Qué hombre tan raro!